¿Nunca te pasó que llegas a un lugar, y sin todavía saber el porqué, tu cara habla por sí sola y, de repente, adquiere un rictus lamentable? 

 

Se nos nota una cierta acritud, lo sabemos de inmediato. Nos ponemos tensos, no encajamos. Físicamente no pasa «nada», pero estamos de más, como sapo de otro pozo. ¿Te pasó? ¿Soy la única?

 

Los distintos colectivos piensan que estamos locos, que tenemos fobias, miedos o simplemente lo llaman problemas… Realmente nos tratan como si los tuviéramos. En reuniones sociales suelen preguntarte: ¿Trabajas? ¿Estudias? ¿Qué eres? Estas cuestiones son de manual, el test es bastante básico. Ya sabes, lo normal.

 

La palabra «normal» viene de norma. Con lo cual, este significado nos lleva a la conclusión de que el normal es precisamente quien está perfectamente adaptado a las rejas… digo reglas, sin un criterio analítico, ni mucho menos personal, de sus valores y creencias más profundas. Un autómata. Una suerte de robot.

 

Una persona normal se encuentra fragmentada, alejada de este camino de iniciación que planteamos en LibroLibreLibra, cuyo destino es justamente la unidad del espíritu con todo lo que nos rodea. Los normales están sujetados a una programación que los anula y sumerge cada vez más en este pensamiento colmena, y de allí, solo queda la infelicidad.

 

¿Escuchaste alguna vez hablar del Pensamiento Único?

 

Nos parece que hay millones de grupos, tendencias, matices… pero, no es así. Solo cambia el color del velo con el que nos tapan los ojos. Existe un gran abanico de colectivos, y elegimos ser elegantes o hippies, machistas o feministas, azules o rojos, urbanitas o rurales… Se puede elegir, hay para todos los gustos. Pero, ¡ojo!, nunca fuera del menú. Y siempre que elijamos a un grupo, sea cual fuera, deberemos seguir al pie de la letra sus parámetros, sino… serás chivo expiatorio*.

 

pensamiento único

 

Hay una cierta Ingeniería Social que moldea nuestra cultura a partir de las instituciones y, así, se construye esta realidad en la que estamos inmersos. Creemos que los cambios se deben a movimientos sociales, pero, ¿somos nosotros quienes movemos los hilos de la historia, o será que nos mueven como marionetas y así construimos lo que se nos dicta?

 

Mientras practicaban experimentos como el Milgram* y fundaban la clínica Tavistock*, el movimiento psicodélico dirigido por la CIA (algo no tan espontáneo como se cree) repartía LSD a los universitarios de Harvard y, así, se fue extendiendo a toda la juventud. Este experimento social fue el famoso movimiento hippie, tan oportuno, por cierto, para que la sociedad no reaccionara de forma asertiva frente a la guerra de Vietnam y a la opresión dictatorial a Latinoamérica, por dar solo dos ejemplos. Hoy, hay otras drogas, internet la está petando. Muchos se lanzaron a la aventura persiguiendo Pokemon o cazando moscas frente a una pantalla que nos propone que la imitemos.

 

Mientras tiran una bomba, crean una nueva disidencia controlada que la rompa o imponen una nueva moda que anime a competir y odiarnos, nosotros nos hacemos fan de un cantante, seguimos a miles de desconocidos en las redes sociales, dejamos la vida por una veintena atrás de una pelota y así vamos, mareando la perdiz, tras una zanahoria que ya sabemos adónde nos conduce.

 

La disidencia controlada es un concepto interesante que nos ayuda a comprender cómo nos marean. En los momentos de mayor descontento social, con la amenaza de que la masa pueda saltar el redil, se implementa el uso de la persuasión y, tras ello, aparecen personajes claves (generalmente de izquierda) que gritan, con puño cerrado, un discurso falso que comunica solo lo que el pueblo quiere escuchar. La necesidad porque eso sea cierto, hace que pisemos el palito, endiosemos a estos oradores y, así, nos convencemos de que serán nuestra salvación. Ya, después de un tiempo, nada cambia. La disidencia pasa a repetir la misma condena de siempre, y bajo la careta del cordero, este lobo, después, nos cena con su compañero: el partido al que supuestamente tanto han repudiado. Unos y otros, por lo tanto, son pedales de una misma bicicleta; y, cuando caemos de este dulce sueño, estamos ya pedaleando, otra vez al corral. 

 

Pensamiento único

 

Se venden estilos de vida en distintos formatos. A través de las pelis, series, canciones o internet construimos un porvenir que nunca nos llena, que suena a escasez. Vivimos en un vacío que, paradójicamente, lo llenó todo.

 

Seguimos estúpidos modelos de gente que sigue otros estúpidos modelos. La ignorancia es un monstruo gigante que, en este caso, hace que la gran mayoría no se la pase bien y, sin embargo, en lugar de analizarlo, se disimula. Si al final, la ignorancia no es NO saber, en definitiva, nadie sabe nada: La ignorancia es no saber que no se sabe.

 


 

Si en un momento dado ves a tu alrededor, hay mucha gente, demasiada; y, sin embargo, te sientes solo.

Si comienzas a ver que caminas hacia el mismo lado que lo hacen todos.

Si te encuentras deseando tener cosas que realmente no necesitas.

Si en lo único que piensas es en el dinero y/o el sexo, y nunca te alcanza.

Si te das cuenta que, sospechosamente, siempre te interesa tener lo que el otro tiene.

Si todo lo que haces es para que te tengan en cuenta y ya empiezas a ver que todo es mentira.

 

CUESTIÓNATE -> SIÉNTETE -> PIÉNSATE -> RESETÉATE

 

Que sea éste nuestro test:

el de la bendita A-normalidad.