L.AURA

 


 

Mi nombre es L.Aura. Desde siempre intuí que las palabras me llevarían lejos. Había algo en ellas que me hacía caminar con una fuerza que no sé de dónde salía. Un propósito. Una certeza. Una apuesta donde nunca hubo nada qué perder.

 

Comencé en este camino con heridas, como todos, y así inauguré mi formación que fui puliendo con mis viajes físicos y metafísicos. Cuando salí a Latinoamérica comenzó mi andadura de manera independiente. Rompí con todo, o por lo menos con esas cosas que se ven. Corría el año 2002 cuando nació la idea de La Novela Viviente. Supe entonces qué era lo que iba a comunicar. Nací para hablar de la verdadera revolución: la espiritual.

 

Comencé, mientras viajaba por el mundo, a diagramar una Ruta, para mí sagrada, y descubrí que su realización me llevaría a las sin fronteras de mi universo. Comprendí que, con cada paso, crecería; y no me refiero a escalar montañas o navegar los mares, sino a otra cuestión: el conocer mis límites y superarlos, el llegar a mis altas cimas y una vez allí regresar al abismo para impulsarme otra vez a mis cielos. Estoy hablándote de aproar al norte y bucear en mis profundidades, de escarbar en mis valles y descubrir mis fisuras, de encontrar mi volcán y erupcionar desde lo más hondo de mi Tierra… Al fin de cuentas, de VIVIR, con cada letra, y punto.

 

Con los años recapacité mucho en este asunto y asumí que la única manera de dejar de lado el sobre-vivir era muriendo y muriendo y, otra vez, muriendo, en una especie de matrioska literaria que se hace juego y experimento como es La Novela Viviente para mí= la labor que me propuse en esta experiencia divina de la vida. 

 

Cuando llegué a Europa comencé a navegar profesionalmente y me hice marinera. He vivido experiencias de todo tipo frente a una mar que se agitaba y me golpeaba como si fuera un casco viejo, a la deriva. Años más tarde, hice talleres de escritura creativa de todo tipo, cursos de fotografía, me formé para gestionar proyectos culturales en la Fundación Incyde y estudié la buena muerte en la Fundación Vivir un Buen Morir en Zaragoza. Si en Latinoamérica me destruí, en Europa me reconstruí. Me sofistiqué un poquito y comencé a ponerle nombre a ciertas cosas. Sin embargo, intuía que después de endurecerse había que romperse otra vez; entonces me asomé a África y me adentré en Oriente Medio y, una vez allí, en el medio-oriente de mi vida, supe con toda certeza que la comunicación de mi Ruta no se trató nunca de una elección, sino que tenía una finalidad más sutil: sanar mi alma a través de la herramienta sagrada de la palabra, una palabra que no necesita de buena ortografía, eufemismos ni retórica. Una palabra desnuda, nacida del corazón, como es este camino que fui haciendo paso a paso y caída tras caída.

 

Wadi Rum

 


 

Caminaré siempre hacia dónde mis palabras me lleven,

porque ese es mi propósito.

Y cuando algo es tu propósito,

ya no hay opción.