Que el 2020 está siendo un año duro, no es nada nuevo. Quienes más, quienes menos, hemos dejado atrás ciertas rutinas que nos hacían vivir hipnotizados en una falsa certidumbre. La pérdida de esta norma-lidad nos angustia, es cierto, pero también es ideal para ver qué hay detrás de todo lo que veníamos haciendo. ¿Qué hay debajo de lo que veníamos siendo? Un momento dificil, aunque perfecto, para despertar. Un reto que el devenir le pone a la humanidad y que necesita de nuestro trabajo comprometido si es que apostamos por nuestro desarrollo evolutivo. Si es así, Paren el Mundo que yo me Bajo es tu manual para alcanzar el Paraíso.

 

Esta pérdida de la certidumbre trajo consigo ciertas respuestas automáticas que estaría bueno que analicemos juntos:

 

1º- Adormecimiento: Y a lo que me refiero es a un refuerzo del adormecimiento. Platón ya lo menciona en su alegoría de la Caverna. Sin embargo, ahora está más nítido. El miedo refuerza la hipnosis colectiva. Con la pseudo-libertad seguida del primer confinamiento, las terrazas de los bares están hasta arriba, más que nunca. La a-dicción se ha reforzado y hablamos mucho, bebemos mucho y miramos mucho para cualquier lado. 

 

2º- Desvitalización: Frente a la falta de objetivos a largo plazo (no se sabe qué pasará mañana), hay un desgano, una tristeza generalizada que no responde solamente a los posibles contagios, sino que abarca todo un abanico que oscurece nuestras rutinas.

 

3º- Estado de shock: Mucho miedo, y no es para menos. Sin embargo, como en todas las guerras o momentos donde la vida ha estado amenazada, se suele entrar en un trance donde el odio se contagia. Siendo este contagio lo más peligroso, mucho más que tanques bélicos o cualquier peste. En momentos así, se entra en una confrontación social donde reina el Todos contra Todos. Aparecen los mascarillas Vs. no mascarillas. Quienes en el confinamiento han seguido trabajando y quienes no. Los que han paseado al perro más de la cuenta y quienes siguieron a rajatabla este hashtag de «Me Quedo en Casa». Los vacunados Vs. no vacunados. Y así nos hacemos pastores y verdugos de nosotros mismos. 

 


 

Frente a todo este panorama no elaboramos el duelo. Porque todo esto no representa solamente las muertes físicas sino que estamos frente a una gran muerte cultural. Un momento de inflexión donde lo que fue ya no será. El camino de la humanidad ha girado y lo que toca es que tomemos el timón para direccionarlo hacia un lugar que pueda trascendernos.

 

La muerte de nuestro yo social, o lo que es lo mismo, de nuestras identidades, necesita, como toda muerte, de una elaboración profunda y amorosa. Estando presentes en el momento que pisamos. Afrontando esta crisis social con los ojos abiertos. Reajustando nuestros hábitos.

 

La palabra hábito significa «nuestra forma habitual de habitar el mundo».

¿Será que ha llegado el momento de habitarlo de otra manera?

 

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