El Fértil Creciente no es solo una zona, es más bien un momento clave en nuestro recorrido evolutivo donde, en una región determinada, el ser humano dejó de vagar por los parajes infinitos de nuestro planeta, para plantarse allí, donde todas las semillas se transforman, como nosotros, que dábamos un salto cuántico en la historia universal.

 

Mesopotamia, el fertil siempre creciente

 

Se abría el telón con un nuevo capítulo llamado Neolítico. La escenografía, esta vez, era El Fértil Creciente; generoso por la entrega absoluta del agua y los ríos. Por allí pasa el Nilo, el Jordán, el Eúfrates, el Tigris y el rebelde Orontes*. Una región que recorrí por todos sus rincones; comenzando por el Kurdistán, siguiendo por Irán, Irak, Jordania, Siria, el Líbano, Israel, Palestina, el Sinaí, hasta llegar al valle del mítico Nilo.

 

 

Mesopotamia, el fertil siempre creciente

Río Éufrates

 

Mesopotamia, el fertil siempre creciente

 

Halfeti- Río Éufrates. Provincia Urfa. Turquía

 

Mesopotamia, el fertil siempre creciente

Pasali, Turquía

 

Mesopotamia, el fertil siempre creciente

Pasali, Turquía

 

Oasis del Tigris.

Oasis del Tigris. DiyarbakIr. El Kurdistán turco.

 

Mesopotamia, el fertil siempre creciente

Oasis del Tigris. DiyarbakIr. El Kurdistán turco.

 

Mesopotamia, el fertil siempre creciente

Oasis del Tigris. DiyarbakIr. El Kurdistán turco.

 


 

Esta zona, donde un día nos reciclábamos, ahora está plagada de bombas antipersonas, retenes militares, problemas fronterizos, guerras y mucho miedo. Recordemos que cuando Noé desembarca del arca, los dioses lo obligan a hacer holocaustos en su honor. Sacrifica animales, y es cuando estas entidades, sin freno, se arremolinan como moscas, deleitándose por el olor de tantas muertes, y tanto dolor. Y que hoy, como otrora, estos hábitos se perpetúan en Oriente Medio, haciendo un efecto rebote hacia todo el mundo.

 

 

Mesopotamia, el fertil siempre creciente

Oasis del Tigris. DiyarbakIr. El Kurdistán turco.

 

Mesopotamia, el fertil siempre creciente

Río Tigris- Dyarbakyr, Turquía

 

Mesopotamia, el fertil siempre creciente

Éufrates- cerca de Kahta- Turquía

 

Kasser Al Yahud, río Jordán. Palestina.

Kasser Al Yahud, río Jordán . cerca de Jericó. Palestina.

 

Kafr Alzarat. El delta del Nilo, Egipto.

Kafr Alzarat. El delta del Nilo, Egipto.

 

Kafr Alzarat. El delta del Nilo, Egipto.

Kafr Alzarat. El delta del Nilo, Egipto.


 

El Atrahasis es una tablilla cuneiforme que data del año 1640 AC. En este poema se detalla la creación del nuevo mundo, del nuevo hombre y, sobre todo, se hace mención a la excavación de los ríos.

 

 

Los dioses tuvieron que drenar los ríos y limpiar los canales,

y las fronteras de la vida de la tierra.

Los dioses drenaron el lecho del  Tigris, 

y luego drenaron el Éufrates.

Atrahasis

 


 

Según el Atrahasis, los dioses menores, simples trabajadores de las autoridades «divinas», comenzaron a quejarse. El trabajo era muy duro y entraron en huelga. Tenían que redirigir las corrientes de los ríos y esto los extenuaba; se hacía insostenible. Enlil* se encuentra en un callejón sin salida y acude a Anu, su padre, el Supremo, el Dios del Cielo, quien le aconseja que delegue a Enki, su hermanastro (el dios de las profundidades marinas), la creación de una nueva humanidad para suplir a estos dioses menores: los Igigi*.

 

Enki, con la ayuda de Belet-ili, crean una nueva especie. Después de muchas pruebas fallidas dan con lo que estaban buscando. Para ello, mezclaron la sangre de un dios sacrificado, Geshtu-E*, con la carne de un homínido y arcilla. La diosa-madre amasa la mezcla y los dioses la escupen; luego recita el conjuro en la habitación del Destino.

 

 

Enki, el de visión de futuro y la sabia Mami entraron en la habitación del Destino.

Las diosas-útero estaban reunidas.

Él pisó la arcilla en su presencia. 

Ella se mantuvo recitando un conjuro.

El ladrillo de barro será dejado durante siete días.

Belet-ili, la sabia Mami, recibirá los honores.

Las diosas-útero se reunieron y Nintu estaba presente.

Contaron los meses. Convocado el décimo mes como el término del destino.

 

Atrahasis

 


 

Así nace Adapa, el primer espécimen de la raza humana moderna. El Adán bíblico, el Alulim que encabeza la Lista Real Sumeria, que venía con un porqué y un para qué= Reemplazar a los Igigi.

 

La Mesopotamia se nos hacía partera. No solo crecían semillas y prados infinitos de cultivos con ganado, sino que llegábamos con una tarea concreta: trabajar. Se levantan santuarios en honor a nuestros creadores y grandes ciudades. Así llegan hasta hoy lugares como Çatal Hüyük*,  Göbekli Tepeo la Colina de los dioses que tiene Nemrut. Por el Éufrates se interceptaba al Tigris, para juntos dar de beber a asentamientos emblemáticos como la Ur de los caldeos, Uruk, Nippur, Lagash, Bad-Tibira, Larak, Sippar, Suruppak, Mari, la gran Babilonia o la primogénita Eridu. Ciudades que se desgastaron y resurgieron en nuevos imperios; todos siguiendo las órdenes del mismo linaje que cambiaba de apellido pero no de sangre. Una sangre más pura, llamémosle «más divina», que no debía mezclarse: La sangre real, el Santo Grial (tan reconocido por la nobleza).

 

 

GöbekliTepe - Primer templo de la humanidad- cerca de Urfa- Turquía.

GöbekliTepe – Primer templo de la humanidad- cerca de Urfa- Turquía.

 

Göbeklitepe - Primer templo de la humanidad- cerca de Urfa

GöbekliTepe – Primer templo de la humanidad- cerca de Urfa- Turquía.

 

Göbeklitepe - Primer templo de la humanidad- cerca de Urfa

GöbekliTepe – Primer templo de la humanidad- cerca de Urfa- Turquía.

 

Arsemia. Turquía. Pacto entre el rey antíoco y Heracles.

Pacto entre el rey antíoco y Heracles. Arsemia- Turquía.

 

Cueva de Arsemia, cerca de Nemrut- Turquía.

Cueva de Arsemia, cerca de Nemrut- Turquía.

 

Arsemia, cerca de Nemrut- Turquía.

Arsemia, cerca de Nemrut- Turquía.

 

La Colinas de los Dioses- Nemrut. Turquía.

La Colinas de los Dioses- Nemrut. Turquía.

 

La Colinas de los Dioses- Nemrut. Turquía.

La Colinas de los Dioses- Nemrut. Turquía.

 

La Colinas de los Dioses- Nemrut. Turquía.

La Colinas de los Dioses- Nemrut. Turquía.


 

 

El Génesis de Eridu está escrito en una tablilla cuneiforme sumeria. Eridu es el antiguo Nun.Ki, muy cerca del golfo Pérsico, y que, según investigadores como A. R. Boulay, sería el Erech de la Biblia. Allí es donde se cree que comienza la sofisticación de la actual civilización humana, aunque los primeros asentamientos se dan más al norte, en la bella Anatolia. Sin embargo Eridu, según la Lista Real Sumeria, es el lugar elegido para el descenso celestial. Abriéndose, así, un ciclo de dinastías míticas postdiluvianas.

 

En 1847, Austen Henry Layard, descubre en Nippur las ruinas de lo que había sido el palacio de Asurbaanipal: el último gran rey asirio, y, en medio de los escombros, encontraba una biblioteca con miles de tablillas de escritura cuneiforme cuyos grabados, en forma de poemas épicos, cuentan la historia de estas antiguas y misteriosas civilizaciones. Entre las más conocidas de estas tablillas tenemos: La Lista Real Sumeria, el Atrahasis, la Epopeya de Gilgamesh, el Enuma Elish, Ninurta y la tortuga, Enlil y Ninlil, Enki y Ninmah, La leyenda de Adapa, El Descenso de Ishtar, el Génesis de Eridu, el Mito de Etana, etc, siendo las más emblemáticas el Enuma Elish, el Atrahasis y la Lista Real Sumeria.

 

En el Enuma Elish se detallan sucesos cósmicos ocurridos durante la creación del sistema solar. En el Atrahasis se nos relata lo ocurrido desde la llegada de los anunnaki* al planeta hasta el gran Diluvio. En la Lista Real Sumeria, se nos dan detalles de las primeras civilizaciones humanas; y curiosamente, combinando los relatos de estos tres poemas mesopotámicos, se puede armar una historia paralela a la historia de la creación del Génesis bíblico. George Smith publica esto en 1876 “The Chaldean Genesis” (El Génesis Caldeo), en donde sugiere que el poema épico Enuma Elish y el Génesis hebreo se refieren a la misma historia.

 

La triada sumeria de dioses principales la formaba Anu, Enlil y Enki. Anu: el dios supremo del cielo, tuvo dos hijos con Ki, la diosa Madre. Las estrellas eran su ejército y era él quien controlaba las Me: el decreto del destino de todo lo existente. Enlil, hijo de Anu, era el dios de la Tierra, quien fue ganando relevancia y sustituye el poder que ejercía su padre y obtiene las Me. Y, por último, Enki: el dios de las profundidades marinas, quien habita en Apsu, desde donde fluyen las aguas primordiales. Él es el responsable de nuestra creación.

 

Estos dioses anunnakis eran descendientes de los Anunnas, los 50 grandes dioses que llegaron del cielo a la Tierra. Enlil controlaba el clima, y quien controla el clima lo controla todo. Podía crear tormentas, huracanes y sequías (un poco lo que sucede hoy con el proyecto Haarp*); además de tener en su poder estas famosas tablillas del destino (las Me), las cuales decretan todo lo que acontecerá por los siglos de los siglos; y, quien controla la información, también lo controla todo. Sin embargo, su hermanastro Enki, era el dios de las profundidades y la sabiduría, contaba con amplios conocimientos mágico-tecnológicos con los que había creado a la actual civilización después de la huelga de los Igigi. Aunque, también, y esto es un punto de inflexión entre la prehistoria y la historia: fue el creador de los Apkallu*, o los siete sabios medio anfibios, medio hombres; que por el día instruían a los humanos con ciertos conocimientos valiosísimos sobre astronomía, matemáticas, geometría sagrada, nuevas herramientas, formas de cultivo, distinción de semillas, escritura, etcétera, y por las noches descendían, otra vez, a las profundidades marinas.

 

Estos Hombres Pez se repiten en muchas culturas. Instruyen al ser humano en los distintos puntos del planeta. Esto consta en Egipto, más concretamente en la tumba de Ramsés IV (en un grabado de Osiris), en las tablillas sumerias, acadias, babilónicas, en la antigua Grecia con Tritón, Nereo y las Nereidas, en la cultura de los dogon de Mali, en el Popol Vuh maya, para los Tiahuanacos, cuando Manco Cápac y Mama Ocllo emergen del lago Titicaca para transmitir la información. También se los nombra como los Dagon para los filisteos de la cultura semita o el Matsya hindú: la primera reencarnación de Vishnú, cuando rescata a Manu y a su familia del gran diluvio. Los Kachinas de los Hopis, las sirenas del folclore de los San, documentadas en las pinturas rupestres de las cuevas de Karoo en Sudáfrica. En fin, testimonios de los Apkallu pueblan todo el planeta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Odemis. Turquía.

 

 

 

 

El Kurdistán iraní

 

 

Odemis. Turquía.

 

 

 


 

A finales de 1946, en Qumrán, se encontraron los famosos rollos del mar Muerto. En ellos se descubre una documentación importante: la desaparición de los Nefilim, que, por cierto, también son nombrados en todas las culturas que menciono arriba. Con lo cual, este fenómeno es universal.

 

Los Nefilim exterminados en el Gran Diluvio

 


 

En el Libro apócrifo de Enoc (o los libros de Enoc -solo incluidos en la Biblia etíope-), él embarca a una nave de suelo acristalado que lo lleva a distintos cielos ¿Abducción? Cuando llegan a una sala y el patriarca le pregunta a la entidad qué habían hecho esos seres para merecer esas terribles torturas que estaban recibiendo; le responde:

– Desobedecer las órdenes del Señor al haberle dado al ser humano información valiosísima.

 

Estos seres eran los 200 ángeles que habían descendido al Monte Hermón. Esta legión tenía la misión de entremezclarse con la humanidad para vigilarla (de ahí los Vigilantes o Ángeles Caídos); y, a partir de allí, surge una relación de empatía de la cual se desvelan muchos conocimientos herméticos que le otorgaban a los Nefilim un inmenso poder.

 

Se cree que el enigmático paralelo 33º (latitud), que pasa por Medio Oriente es un portal hacia otras dimensiones, donde, quién sabe, descienden estas entidades que tanto se deleitan con el aroma a sufrimiento. El mítico monte Hermón (33º 24´ N/35º 51´ E) es el escenario desde donde habían bajado estos ángeles a mezclarse con las mujeres de la zona. De aquí sale una raza de humanos: los Nefilim* (los recurrentes Gigantes o los Titanes de la antigua Grecia), que luego serían exterminados con el gran Diluvio cuando se despierta la ira de Enlil* al comprender que sus criaturas ya estaban a las claras de ciertos poderes creadores inherentes a la raza humana. Esto mismo ponía en jaque su poder y, por eso, abre las compuertas del cielo, salvándose, con la intervención de Enki, Ziusudra (el Noé bíblico) y su descendencia.

 

 

Gamla. Altos del Golán.

Dolmen de Gamla. Altos del Golán. Territorio sirio ocupado por Israel.

 

Mesopotamia, el fertil siempre creciente

Gamla, Altos del Golán. Territorio sirio ocupado por Israel.

 

Mesopotamia, el fertil siempre creciente

Altos del Golán, Siria/Israel

 


 

Enki, cuando se entera de los planes de su iracundo hermano, se dirige hacia Ziusudra (el Noé bíblico, el Utnapištim babilónico): hijo de Lamec que, según el Haggadarh (tradición oral judía), venía de la rama de Caín, y le advierte de que prepare una barca y la asegure con brea. Le da indicaciones precisas y le pide que embarque a su familia y que se haga de semillas y una pareja de cada especie animal. Una vez pasada la catástrofe, desembarcan; es entonces cuando los dioses imploran por holocaustos y se matan cientos de animales. Según el Atrahasis, las entidades frente al aroma de las muertes se arremolinan como moscas.

 

 

Mesopotamia, el fertil siempre creciente

Monte Ararat. Lado armenio. Desembarco de Siusudra

 


 

«Ellos olieron el dulce aroma y se reunieron alrededor mío como moscas.

Me postré ante Anu y Enlil.

Luego llegó Ishtar…»

Atrahasis

«Dios percibió el grato olor, y dijo:

“No volveré jamás a maldecir la tierra por causa del hombre».

 

Génesis 8: 18-21


 

Aunque hay diferencias: primero se los nombra de manera plural (dioses), luego ya, con el monoteísmo se tergiversa y se habla en nombre de Dios (singular); pero, a pesar de estos retoques, estas entidades son muy adeptas a los sacrificios rituales. Recordemos que, en el caso del dios bíblico, cuando Caín y Abel le presentaron ofrendas, la deidad prefiere la oveja sacrificada de Abel antes que las frutas del campo de Caín. Y, en el caso de los anunnaki, recordemos también el poema de Lugalbanda y la cueva de la montaña que, a través de un sueño, los dioses le piden a nuestro héroe que les presente un sacrificio, y cuando lo hace, invoca los nombres de Enlil, An, Enki y Ninhursag, y prepara la ofrenda que incluía separar la sangre de las víctimas en una vasija que colocó a un costado, luego la carne sacrificada recién cortada que puso al fuego; y en esta parte el texto dice:

 


 

El dejó que el humo se elevara, como incienso puesto en fuego….

de manera que An, Enlil, Enki y Ninhursag consumieron la mejor parte

de las ofrendas preparadas por Lugalbanda.

 

Atrahasis

 


 

La estrategia de rendir culto a estos dioses con sacrificios se asemeja a los experimentos que realizaba el psicólogo ruso Ivan Pavlov y que le dieron las pautas para formular la ley del Reflejo Condicional*. En el caso de los experimentos de Pavlov, a través de la repetición, él podía conseguir que un perro asocie el sonido de una campana con la hora de comer. En cambio, lo que los anunnaki hicieron con los humanos de la época pre-diluviana (que llega hasta hoy), fue crearles el reflejo condicional de ofrecer sacrificios a los dioses en el mismo instante en que padecían algún suplicio, como cuando Enki le aconsejaba a los humanos la adoración con sacrificios rituales al dios de las plagas para que éstas se vayan; o las ofrendas sagradas a cambio de lluvia para alejar las sequías. Dicho esto, solo se puede llegar a una conclusión: Enlil y Enki actuaban en complicidad para adoctrinar a los humanos en el culto ritual a los dioses; ese era el leiv motiv= el holocausto. Enlil enviaba la enfermedad (una plaga, un diluvio, una sequía…) y Enki creaba el remedio (el culto y los sacrificios). El tan conocido «problema-reacción- solución» (mejor explicado por Chomsky). De esta manera, se adoctrinaba al ser humano, creándoles un hábito de tortura y sumisión. De la misma forma, curiosamente, sucede con YHWH y Satán.

 

¿Enemigos o cómplices?

 

 

Mesopotamia, el fertil siempre creciente


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LECTURA ASOCIADA: Cuando Dios baja a la Tierra

Fuentes David Parcerisa