¿Sientes que, cada vez que hablas, tu amiga te ignora o mira para otro lado, restándole importancia a tus comentarios? 

 

¿Te deja siempre con la palabra en la boca? ¿Crees que lo que tengas que decir es totalmente irrelevante? 

 

¿Te sientes avergonzada después de haberle confiado algo íntimo? 

 

¿Te insinúa que eres tonta? ¿Que eres demasiado buena? ¿Que siempre te estás equivocando? 

 

Mobbing a la Cenicienta


 

Si contestaste que sí a todas, o casi todas, las preguntas estás frente a una Hembra-Alfa. Y si es así, muy probablemente estés siendo maltratada. Sí… lo sé, es un tema espinoso. Sobre todo, si lo hablas según en qué lugar. Si lo haces desde algún país donde la guerra de género está de moda, te pondrás de blanco perfecto. Se trata de un asunto que está muy politizado, es una propaganda de libro. Comprenderás que cuestionar el rol femenino te pondrá en la cruz. Sin embargo, si eres mujer y buscas la libertad, te aconsejo que hagas autocrítica.

 

La liberación femenina* no es salir a trabajar más horas que un reloj como tampoco compararse continuamente con los hombres. La comparación nace de todo espíritu perdedor; y nosotras… de eso poco. Nunca nos olvidemos quiénes somos. Cada vez que veo a una mujer compararse con un hombre, me parece estar viendo a un macho castrado. Y curiosamente, estas mujeres suelen ser un tanto agresivas. De hecho, las que más repudian a los hombres, curiosamente, son quienes más maltratan a otras mujeres ¿Por qué será? Yo ya tengo mi respuesta, pero te invito a que saques tus propias conclusiones.

 

Es verdad que la mujer se encuentra en un momento histórico en el cual tiene que demostrar su valía. Y está claro que desde el trampolín de las demostraciones nunca saldrán cosas positivas. Un ser seguro no tiene la necesidad de demostrar absolutamente nada. Las Mujeres Maravillas pro system creen que rebajando a otras mujeres serán más altas. Nada más erróneo, esto es solo un efecto óptico pobre y sin consistencia.

 

Formamos parte de una sociedad donde la competencia está institucionalizada. Donde compite el hombre con el hombre, la mujer con la mujer, la mujer con el hombre, el padre con el hijo, la hermana con el hermano, y una lista interminable… A alguien le vendrá muy bien que nos confrontemos. El divide y reinarás de toda la vida. Esta premisa se remonta desde Caín y Abel, está más que grabada en nuestra genética. La rivalidad es el motor de nuestras sociedades y la mujer forma parte de ella ¿Cómo escapar? Sobre todo, si quiere llegar al poder. Lamentablemente así funciona, o por lo menos de momento. 

 

Los medios de comunicación, como siempre, nos lavan el coco. Están allí para estupidizarnos ¡No vaya a ser cosa que pensemos! Las revistas feministas adulan a la mujer Alfa. Dicen que es decidida, segura, independiente, dominante, pero, ¿es decidida o sigue un dictado? ¿Toma sus propias decisiones o las del sistema? ¿Es libre, o hace lo modélico? ¿Ser dominante te da alas?

 

La mujer no solo debe trabajar y consumir, sino que cotizar. Y para ello, como lo hace cualquier producto en bolsa, debe competir con otras marcas, quiero decir, mujeres (aunque quedan mujeres con consciencia, no es casual que estés leyendo esto).

 

Quien necesita competir para reafirmarse es porque duda de su poder. ¿Acaso jugarías una carrera con un niño que recién aprendió a caminar? ¿A qué no? Como sabes que ganas… pues, no lo necesitas, ¿cierto?

 


 

Responder a las nuevas exigencias laborales del sistema, pretender ser perfecta, 90-60-90 y poderosa, no es muy compatible con un espíritu libre. Y, aunque sí creo que debemos conquistar espacios que nos habían sido arrebatados, no por ello vamos a hacerlo como nos dictan.

 

La verdadera esencia femenina es aquella que sale del pecho para convidar. La mujer realmente libre desea hacer del mundo una familia. Luchamos para que no nos discriminen, ¿discriminándonos entre nosotras? …¡Vaya lucha! La competencia entre mujeres es la llave que nos encierra.

 

Mach-ismo/ femin-ismo, ¡qué más da!… Todo es lo M-ismo, pero al revés. Machos- Alfa, hembras-Alfa… siempre está el gallito que pisa a las gallinas. No es poner el poder en el otro género. Será poner el poder dentro de cada uno de tod@s nosotr@s, y dejar de ser Alfas de una vez.

 

Mobbing a la Cenicienta

 

Ni ganadores, ni perdedores; ambos se necesitan para entrar al ruedo.

Una verdadera mujer: ¡nosotras!, no sabemos mirar hacia los costados.

Ni subimos la cabeza, ni la bajamos.

¡Las mujeres verdaderas solo podemos mirar hacia adelante!

 

 


*Ilustración de Portada Nùria Domingo