La Llamada de Winston – La Renuncia.

 


Excepto en la oscuridad, vigilaban todos tus movimientos. A lo lejos, un helicóptero volaba entre los tejados. Se cernía como un moscardón y volvía a alejarse describiendo una curva. Pero, lo malo no eran las patrullas, sino la Policía del Pensamiento.

 

La llamada de Winston - El Miedo

 

«Para controlar a un pueblo hay que conocer su miedo y es evidente que el primer miedo de cada individuo es estar en peligro mortal. Una vez que el ser humano se hace esclavo de su miedo, es fácil hacerle creer que Papá-Estado estará listo para salvarlo».

 

– GEOGE ORWELL –


 

3 DE JUNIO, 2020

 

Estoy hecha un lío. Los días pasan y las medidas del confinamiento se endurecen más y más. Los muertos ascienden, las libertades menguan. La vida queda entre paréntesis. Todo se posterga. La verdad se calla.

 

Los medios de comunicación me ponen los pelos de punta. El presidente de un lejano país, por estos días, ha dado un tenebroso discurso. Ordena, en directo, a las fuerzas armadas, de tirar a matar a quienes burlen el confinamiento. Algo que, por cierto, me extraña. Tanto que nos quieren cuidar…. Otros gobiernos autorizan apalear a «los delincuentes», y del otro lado del mundo, cadáveres quedan hacinados por las calles.

 

El miedo y el morbo suben como la espuma. Noto un complot mediático instaurando el pánico en la población. Y no estoy insinuando que esta situación deba ser subestimada… no, pero, ¿por qué, de repente, el poder nos cuida tanto? Algo no me cuadra.

 

Después de la llamada inesperada de Winston, comencé a analizar la relación que existe entre el miedo y el sistema inmunológico. Recordé que una vez había leído algo curioso acerca de Nostradamus que, además de profeta y astrólogo, fue médico. En el siglo XIV, en plena peste bubónica y, aunque estuviera en contacto con infectados y cadáveres, no se contagió. Y no creo que algo supiera, de ser así, ¿por qué su mujer y sus dos hijos sí murieron?

 

Lo que quiero decir es que, quizás, el miedo sea el ingrediente que hace que el enemigo ingrese a los cuerpos. Solo el miedo es capaz de hacer que cuaje el infierno en la Tierra. Existe un deliberado interés porque lo experimentemos. Una importante propaganda mediática que, sin ella, el plan quedaría inoperativo.

 

– El miedo tiene tres fases -me había dicho Winston -. La primera es la de la siembra. La segunda es la etapa del crecimiento. Cuanto más se propague, mejor. Y la última, y la más dura, es la siega. Alguien cosechará todo esto.

 

– Entonces… ¿Tú crees que… este asunto…?

 

– No, no creo que sea un bulo, pero lo que sí creo es que un suceso ex profeso cambiará a la humanidad para siempre. 

 

– ¿Y cómo escapar?

 

– ¿A qué te refieres? ¿Escapar de qué? ¿De lo inevitable? El Partido es eterno. Debes comenzar por ahí. Siempre existió, bajo distintos trajes. Fue mutando de sistema en sistema. Se eterniza en el tiempo a través del pensamiento. Para el Partido, el pensamiento es tan, o más, importante que los actos; porque los actos empiezan y terminan aquí, en cambio lo que piensas y lo que sientes trasciende.

 

– ¿Por qué pensamos y sentimos así? ¿Cómo logran que elijamos la esclavitud, la pobreza y la condena? ¿Cómo nos aferramos a este monstruo? ¿Cuáles son los motivos?

 

– Tienen armas. Herramientas sofisticadas. Para empezar, la confusión. A través de la ignorancia nos gobiernan. Tergiversan. El Ministerio de la Paz se ocupa de la guerra. El de la Verdad, de la mentira. El del Amor, de la tortura. El de la Abundancia, de la pobreza. Estas contradicciones no son accidentales. Son ejercicios del Doblepiensa. Sin estos mecanismos, pensaríamos. Además, contribuye la incapacidad de las masas de soportar la libertad o enfrentarse a la verdad. Es la misma masa quien sostiene este poder que la maltrata y la degrada.

 

– ¿Y por qué elegimos esto?

 

– Porque no conocemos otra cosa. Si lo hiciésemos, quizás… quizás… Pero no insistas. Buscar otro camino es parte de un sueño.

 

– Pero, Winston… quizás este también sea un sueño. Proyectamos hacia afuera el poder y lo buscamos. La finalidad es el poder. No es un medio para alcanzar algo, es el fin último; y lo perseguimos en lugares equivocados. Lejos, muy lejos de nuestro ser. Ahí comienza el problema.

 

– El ser humano es una célula en un gran cuerpo. “La libertad es la esclavitud”. Es el eslogan del Partido. Y la frase es reversible: La esclavitud es la libertad. Lo primero que debes comprender es que no sobrevivirás si vas a contracorriente. El individuo solo tiene poder cuando cesa de ser individuo y se convierte en masa. Es una utopía pensar en la libertad porque el ser humano siempre será derrotado cuando esté solo y sea libre. Y es inevitable porque estamos condenados a morir. Solo si te fundes en el Partido serás inmortal.

 

– ¿Inmortal? ¿Para qué? ¿Eternizarme aquí, en estos espacios tan reducidos? Para eso, prefiero morir. Convertirme en otra cosa y partir. Viajar lejos, muy lejos de esta cárcel. Si el poder se ejerce sobre el espíritu, como dices… si va más allá del cuerpo para que se eternice, yo no voy a contribuir. No caeré en ese embudo. Dejaré de ser célula de este triste cuerpo. Si controlan la materia es porque controlan la mente. La realidad está dentro del cráneo. Por eso es que no te mataron. Por eso insistieron tanto en convertirte. Necesitaban aturdirte para que una célula más trabaje al servicio. Por eso estás aquí Winston, porque lograron persuadirte.

 

– Una vez me dijo Obrien que nada existe más allá de la consciencia humana. Ni siquiera las leyes de la naturaleza. El Partido crea las leyes de la naturaleza. Los mamuts, mastodontes y bichos monstruosos que vivieron mucho antes que las mujeres y los hombres, nada de eso es cierto. Fueron inventados por los biólogos del siglo diecinueve. Antes que la humanidad no hay nada. Y si llegáramos a extinguirnos, tampoco habría nada. Fuera de nosotros, no hay nada, Laura. Como dices, todo es un sueño. Solipsismo*, me había dicho Obrien. Sin embargo, lo que ocurre en la imaginación de todos, ocurre realmente.

 

– Pues soñaré otra cosa. Algo sin piernas, sin cara, sin jerarquías, sin traiciones, ira, triunfos ni torturas. No soñaré tu sueño. No descansaré en tu poder. No me convenceré de todo esto. Rechazo ser parte de este solipsismo colectivo que solo me lleva a tu pesadilla. Como dices, la muerte del individuo no es la muerte. El Partido es inmortal, pero, ¿qué pasaría si no mataran mi individualismo? ¿Si no secuestraran mi consciencia? No regresaría al Partido: a este cerebro colectivo, perverso y tenebroso. Iría a otro lugar.

 

-¿Y adónde irás?

 

– Supongo que adónde me lleve la imaginación. Todo es un sueño, al fin y al cabo.    

 

– Te olvidas de una cosa, Laura. La tristeza, la ira, el triunfo, el dolor y la tortura pueden resistirse incluso hasta la muerte, pero, para todos, hay algo insoportable. Me había dicho Obrien que, cuando uno cae desde las alturas, agarrarse a la cuerda no es muestra de cobardía. Responde a un instinto que nadie puede manejar. Aferrarse a la vida es lo que hace que se eternice el Partido. Como siempre digo: «Para controlar a un pueblo hay que conocer su miedo y es evidente que el primer miedo de cada individuo es estar en peligro mortal. Una vez que el ser humano se hace esclavo de su miedo, es fácil hacerle creer que Papá-Estado estará listo para salvarlo».

 

– Y tú Winston se ve que no me conoces. Porque en vida practiqué, día tras día, minuto tras minuto, un plan de fuga. La vida para eso está: para practicar. Es lo que la diferencia de la imaginación que vive en los sueños.

 

– No hay salida, Laura. No te empeñes.

 

-Sí la hay. No vale con hacerlo unos días, semanas o de vez en cuando. Se trata de una tarea comprometida que no tiene pausa y que no tiene horarios. Es pensar, sentir y actuar con el arma más subversiva: LA RENUNCIA.