La Llamada de Winston – El Enemigo-

 

La Llamada de Winston - El enemigo


 

El sexto día de la Semana del Odio, después de las procesiones, los discursos, los vítores, los cánticos, las pancartas, los carteles, las películas, el redoble de los tambores y el resonar de las trompetas, las pisadas de los soldados en los desfiles, el rugido de las escuadrillas aéreas y el estampido de los cañonazos… después de 6 días así, cuando el gigantesco orgasmo se acercaba tembloroso a su clímax y el odio generalizado contra Eurasia se había calentado hasta extremos delirantes… justo en ese momento, se había anunciado que, después de todo, Oceanía no estaba en guerra con Eurasia, sino con Esteasia. Eurasia era un aliado. Por supuesto, nadie reconoció que se hubiese producido algún cambio. Nadie había reparado en que el nombre del enemigo había cambiado. Todos creían que siempre Oceanía había estado en guerra con Esteasia. Podían recordar un montón de información inútil: alguna discusión con un compañero de trabajo, un bombín de bicicleta que habías perdido o un remolino de polvo en una mañana ventosa de hace 70 años; pero los datos relevantes quedaban fuera del campo de visión. Eran como las hormigas que pueden ver los objetos pequeños, pero no los grandes.

 

-GEORGE ORWELL-


 

24 DE MAYO, 2020

 

«¡Oceanía estaba en guerra con Esteasia! Entonces, Oceanía siempre había estado en guerra con Esteasia. El odio se mantenía igual que antes, solo había cambiado el objetivo. Y lo peor no era la guerra, sino que el pasado, empezando por ayer, había sido eliminado. Si sobrevive en alguna parte es solo en algunos objetos sin etiquetas, como aquel pisapapeles de cristal». 

 

GEORGE ORWELL


 

Las nuevas manifestaciones ya pronto dejaron de existir en las calles. La Semana del Odio comenzó a practicarse tras las rejas. El nuevo enemigo de hoy, es más peligroso que el mismo Goldstein. Ya no existe el comunismo; de hecho, el capitalismo respira sus últimas bocanadas de aire. El terrorismo está pasado de moda, incluso el machismo ya es una rareza. El nuevo enemigo se mete entre nosotros como un virus. Algo muy contagioso, para andar con cuidado. De repente, puede ser una amenaza tu hermano, tu amante, la vecina, incluso tú mismo.

 

Debo reconocer que el plan fue brillante. Me hubiese imaginado un asteroide chocando con algún satélite artificial, de éstos que te borran de un plumazo los ceros en tu cuenta bancaria… Pude haber pensado en otra guerra de falsa bandera (aunque es verdad que ya están un tanto oxidadas), algún cambio genético como producto de los chemtrails, un desastre climático a causa del HAARP o una mano negra que conspira una invasión venida de alguna otra galaxia. Pude haber imaginado que el «problema» llegaría con estos vestidos… Confieso que nunca se me había ocurrido algo así. Otra vez la realidad supera la ficción -le dije.

 

Winston sacó un cigarrillo. Escuché, tras el teléfono, el chispazo del encendedor. Se quedó pensativo durante unos segundos. Algo me dice que no fue porque no supiera qué decir, sino más bien, porque no sabía hasta qué punto seguir hablando del tema tendría algún sentido. Sin embargo, insistió. Se quedó al lado mío sosteniendo mi impotencia. Tomó una calada de humo y me dijo:

 

– Para efectuar un cambio rotundo en sus estilos de vida, no vale hacer lo mismo de siempre. El poder fáctico sabe que no podía ser otra guerra, confrontas de ismos o una nueva crisis económica. Aunque, pensándolo bien, todo esto vendrá. Eso no lo descarto; pero, tenía que ser algo, como te digo, espectacular… cinematográfico. Solo con un inicio dramático se llega a un final apocalíptico. Recuerda que el camino para alcanzar otro orden se hará efectivo después de la evaluación minuciosa de la conducta social. Ya después de esto, el control absoluto.

 

– ¿Y cómo lo harán esta vez? ¿Qué es lo que sabes, Winston?

 

– Las herramientas de control las manejamos nosotros. Es más, ya no podemos vivir sin ellas. Cedemos el poder con cada clic, cada compra, cada búsqueda y comentario. Entramos en la era de la publicación y, así, ¡qué paradoja!, terminarán por censurarnos.

 

– ¿Qué dices Winston? ¿Qué les importa lo que alguien como yo pueda pensar o decir?

 

– No lo subestimes, Laura. La palabra, como el machete, puede ser la herramienta que, en medio de la selva, te dé de comer, pero, también, se podrá convertir en el arma que te mata.

 

 

CONTINÚA