El Erudito y el Barquero

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LETRA
Un erudito decidió alquilar una barca para cruzar un río muy caudaloso. Debía llegar a la ribera oeste para un importante encuentro. El barquero que lo llevaba, hablaba entrecortado. No se le entendía casi. Se expresaba muy mal. El erudito lo corrigió. Una y otra vez le agregó las eses al final de algunas palabras, le modificó prefijos, remarcó espacios mientras le explicaba la importancia de los puntos y de las comas, hasta que, de pronto le dijo:
—Oye, buen hombre, no se lo tome a mal, pero… ¿puedo hacerle una pregunta? Usted es libre de contestarme o no. Es una simple curiosidad.
—Sí, claro, señor. Avante. Pregunte.
—Usted de gramática… cero, ¿verdad? Intuyo que nunca la ha estudiado.
—¿Gramática? ¿Qué es eso, señor?
—Supongo entonces que de geografía o de historia no tiene ni idea.
—Nada de eso señor. No conozco nada de eso.
—Imposible entonces literatura. Y ni hablar de filosofía.
—No, señor. Soy solo un barquero. Un humilde barquero. Eso es lo que soy.
—Pues amigo… le digo sin tapujos que un hombre sin cultura, ha perdido la mitad de su vida.
Inmediatamente después de esta humillante charla, la barca sorteando aquel furioso río, se deja arrastrar por la corriente y va a dar a unas rocas. Esto provoca una importante vía de agua. El erudito entra en shock. El barquero hace unos inútiles intentos, con imposibles maniobras y, a los pocos segundos, cae en la cuenta de que ya están inmersos en lo inevitable, y le pregunta:
—Disculpe señor. ¿Usted sabe nadar?
—¡No! No sé nadar.
—Pues, lamento decirle que si no sabe nadar va a perder toda su vida.

















