VIAJE AL CENTRO DE MI TIERRA

Música (libre de derechos): Bensound
Tema musical: Hey
LETRA
No es metáfora de nada cuando digo que necesité el mismo tiempo que utilizó Ulises en regresar a su Ítaca. Desde el año 2002 al 2022 fui y vine sin parar, perdida entre las latitudes y las longitudes del planeta.
A orillas del Mediterráneo desembarqué; y muy cerquita de allí comencé el viaje más épico y peligroso de mi vida. Alcancé esos espacios tan llenos de laberintos, sombras, fantasmas y telarañas. No es nada fácil llegar allí. No por nada necesité dos largas décadas.
Para adentrarse en esos submundos invisibles, inasibles y atemporales se necesita una serie de herramientas que, para adquirirlas, primero hay que forjarlas a golpe, presión y a fuego lento.
La primera es la soledad. Para compartirte entera y genuinamente con los otros, primero deberás conocerte y, para ello, es necesario bucear por espacios abisales, donde no llega la luz. Y la oscuridad, da miedo.
La segunda herramienta es el discernimiento. Solo así te divorciarás de tu ego. Este duelo lleva tiempo. Distanciarse de lo aprendido y comprender que no somos nuestra personalidad representa una agonía lenta y dolorosa.
La tercera es la perseverancia y la paciencia. Porque, a pesar de las tinieblas que habitan la soledad, y más allá de la separación de nuestro yo social, hay que seguir navegando. Y no por una finalidad sino porque sabremos que nuestro camino es la única finalidad.
Pero, ¿cómo creamos la luz en medio de la oscuridad; el renacimiento en mitad de la muerte más desoladora; la constancia sin un aliciente? ¿Cómo convertirnos en los hacedores de estas llaves que abrirán la puerta de nuestra tierra más profunda?
La primera herramienta la forjaremos con la valentía.
La segunda, con humildad.
La tercera, con la confianza.
Con estos tres talentos construiremos estas tres valiosísimas armas, tan subestimadas.
A veces se necesitan muchos años, quizás décadas o toda una vida.
Otras veces, algo más.

















