DESPIERTA, BELLA DURMIENTE

DESPIERTA, BELLA DURMIENTE

 


La etimología de A-dicción es No-Decir. Ser a-dicto a algo es la herramienta que se utiliza para no profundizar en esta búsqueda espiritual que todos vinimos a hacer. Y el a-dicto tiene una gran capacidad, mal canalizada, para ahondar en estos mundos sagrados tan sublimes.

 

Creemos que el ser a-dicto es exclusivo de las drogas, sin embargo sobrevuela todos los excesos por más nobles que sean. Exceso de trabajo, de vida social, de estudio, de sexo, al enamoramiento… La adicción habita en la falta de límites. Porque por más contradictorio que parezca, donde está el límite nace la libertad.

 

En la psicología transpersonal se tiende a creer que las a-dicciones son la expresión de unas ansias espirituales que no están satisfechas. Representan una búsqueda espiritual mal entendida. Recaen en los excesos quienes no encuentran la ruta hacia su yo primordial, y la adicción es un peligroso sucedáneo de este maravilloso encuentro.

 

Bill Wilson, el co-fundador de Alcohólicos Anónimos, se inspiró en un ex paciente de Carl G. Jung, quien al recaer en el alcohol después de su tratamiento, el psicólogo se negó a seguir atendiéndolo y le recomendó que se uniera a una asociación espiritual.  El paciente ingresó en el Grupo de Oxford y tuvo una experiencia transformadora. A partir de entonces, se crea el programa de Los Doce Pasos* que llega hasta hoy.

 

Jung sugirió que la necesidad de alcohol del paciente era una genuina búsqueda de la trascendencia. El abuso es el síntoma de su contrario: la carencia. Una carencia que es absolutamente interna… Espiritual.

 

Yo fui a-dicta a muchas cosas y sustancias. ¡Despierta, Bella Durmiente! – me decía una voz. Aún hoy trabajo ardua y conscientemente para no tropezar con esta piedra que nos esclaviza. De muy joven había caído en el alcohol y viajar fue el bálsamo que me introdujo en el camino de mi espiritualidad.

 

Este camino es muy sinuoso y fácilmente te perderás. Alternarás una adicción con otra, cambiando solo el objeto al que eres esclavo, pero no la esclavitud. Entrarás en distintas crisis de abstinencia y bajarás los brazos una y otra vez. Sin embargo llegará un momento, después de muchas caídas y muchos intentos, en el que ya no necesitarás nada externo a qué aferrarte por el simple hecho de que te tendrás. Y despertarás de esta pesadilla que tanto se repite con unas herramientas :

 

La expresión de tu dolor.

Cuando ya no necesites camuflarte.

Cuando te aceptes, y hasta te rías, de tus complejos.

Cuando te sueltes el pelo.

Cuando te desnudes.

Cuando utilices sabiamente a tu ego.

Cuando ya no te importe el «Qué Dirán».

 

 

Y cuando eso pase entrarás a tus cielos. Se romperán las cadenas. Y brindarás, sin excesos, por tu libertad.