La Llamada de Winston

LA LLAMADA DE WINTON


A lo largo de esta serie de relatos cortos, iré contándote la comunicación que mantuve con Winston durante el confinamiento al que nos llevó la pandemia. Es una obra de ficción. Te sugiero que te la tomes deportiva y literariamente.

 


La Llamada de Winston

 

Es el año 2020. No sé si George Orwell me habla desde el pasado, del futuro, o quizás, de un tiempo que siempre se repite como la enfermiza rueda del hamster. Lo cierto es que se ha comunicado conmigo y te confieso que no esperaba recibir su llamada.

 


 

4 DE ABRIL. 1984

 

«Entonces escribió en su diario: 4 de abril de 1984. Sintió una impotencia absoluta, porque, ¿cómo iba a comunicarse con el futuro? Era, por naturaleza, imposible. O bien, el futuro se parecería al presente, y nadie le haría ningún caso, o sería diferente y sus problemas carecerían de sentido. Se quedó un rato contemplando el papel como un idiota. La telepantalla había pasado a transmitir estridente música militar. Vaciló un segundo. Le hizo ruido las tripas. Marcar el papel era el acto decisivo».

 

– George Orwell-

 


 

4 DE ABRIL. 2020

Estoy en Londres.  A media mañana, mientras caminaba por las calles de una ciudad con tormenta, sonó el teléfono público. Dudé de que fuese para mí, sin embargo algo en mi fuero interno me decía que lo atendiera. Y lo hice. Era Winston. Tardé en caer de quién se trataba. ¿Cómo iba a pensar que aún seguiría vivo? Según mi lectura, el Partido lo había pulverizado.
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Hablaba algo entrecortado. Como si quisiese desesperadamente comunicarme algo, y no. El miedo lo frenaba.
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Preguntó por mi nombre. Le dije que sí, que era Laura. Que días atrás había comenzado a leerlo con mucho entusiasmo. «Lo sé.» — respondió.
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— La agenda se desarrolla al dedillo – siguió.

— ¿Qué agenda? —le respondí.

— La agenda… Ya sabes: los planes de quienes nos gobiernan a la sombra.

— ¿Y qué dicta esa agenda?

— El Problema/Reacción/“Solución” ya ha tocado la puerta de Europa. A esto le seguirá una psicosis generalizada. Encierros, repuntes, nuevos encierros. Y ya luego, la meta: la «solución». El resultado que tanto se espera.

— ¿El resultado que tanto se espera?

— Pues sí, Laura. Estamos frente a un punto de inflexión en nuestra historia. Una historia que, como siempre, no dirige la humanidad. Solo interpretamos un guion que ya está escrito. Una historia que, como es su costumbre, nos deja de rodillas.

 

 

CONTINÚA…
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